2 mar. 2012

Cuatro siglos después de crearlos, el Vaticano abre sus archivos secretos

Más de 85 kilómetros de estanterías guardan tesoros pocas veces vistos por el público. Pergaminos, manuscritos, códigos y cartas seleccionadas integran la muestra Lux in Arcana.
Más de 85 kilómetros de estanterías guardan tesoros pocas veces vistos por el público. Pergaminos, manuscritos, códigos y cartas seleccionadas integran la muestra Lux in Arcana.
Por primera vez, el Archivo Secreto Vaticano, creado en el 1612 por Pablo V Borghese, expone sus tesoros nunca vistos. Objeto durante siglos de fantasías, al estilo Dan Brown y sus "Angeles y demonios", el archivo de los Papas ha estado considerado siempre en el imaginario colectivo como el más secreto e inaccesible de los archivos, aunque, salvo algunas secciones, pueden ser consultados por los especialistas bajo autorización especial.
Desde hoy y hasta el 9 de septiembre venidero, pergaminos, manuscritos, códigos y cartas, en total 100 documentos legendarios, seleccionados entre millones que el Vaticano ha guardado celosamente durante siglos, serán mostrados en los Museos Capitolinos de Roma.
Titulada Lux in Arcana, la exposición quiere subrayar la luz que se filtra en los recovecos del archivo. El objetivo es contar en qué consiste y cómo funciona el Archivo Vaticano, a los 400 años de su fundación. La elección de los Museos Capitolinos, fundados en 1471 cuando el Papa Sixto IV regaló al pueblo romano estatuas de bronce de gran valor simbólico, se ha hecho para recordar la relación entre Roma y el Papado, desde la época medieval.
Entre los documentos que más emocionan está el texto de la abjuración que se le hizo firmar a Galileo el 22 de junio de 1663. El más espectacular es el llamado Pergamino de Chinon, de 60 metros, de 1308, sobre las confesiones de los Templarios. En realidad, todos despiertan interés y curiosidad, porque se ha hecho una selección que pueda seducir a un vasto público.
El Archivo Secreto del Vaticano (secretum en latín significa privado, propiedad del Papa) recoge todos los documentos de la Iglesia desde el siglo VIII hasta la actualidad. Con sus 85 kilómetros de estanterías, es uno de los centros de investigación histórica más importante del mundo.
En 1810, cuando Napoleón dominaba en Roma, ordenó confiscar esos documentos y los transportó a París, llenando 3.239 estantes de cartas y pergaminos. Volvieron a Roma en 1815, pero diezmados, porque para reducir los costes del transporte acabó en la basura casi toda la documentación judicial considerada de menor interés o dañina para los herederos de los imputados. De todas formas, se destruyeron documentos importantes, como las actas del proceso a Giordano Bruno, del que solo hay un resumen en el Santo Oficio.
La primera vez. El Archivo Secreto Vaticano abrió sus puertas a los investigadores en 1881. Para estudiar sus cartas y algunos de sus documentos nacieron en Roma institutos culturales extranjeros. Desde entonces, el Papa concede acceso a los documentos con límites de tiempo, establecidos no por años, sino por pontificado. Los investigadores pueden consultar documentos hasta la muerte de Pío XI (1939). El pontificado de Pío XII se mantiene todavía en secreto, bajo llave en un búnker subterráneo para garantizar una mejor conservación.
Entre los 100 documentos del Archivo Secreto Vaticano se encuentran algunos que aún están clasificados cono reservados y a los que por tanto nadie hasta ahora había tenido acceso. Esos documentos que ahora han visto la luz, gracias a la autorización de Benedicto XVI, hacen referencia a varios trágicos sucesos relacionados con la II Guerra Mundial, como por ejemplo el bombardeo del barrio de San Lorenzo en Roma o la matanza de las Fosas Ardeatinas.
Unas 1.200 personas, de todas las nacionalidades y religiones, consultan cada año este archivo, el más grande del mundo y extenso cronológicamente. l (DPA, AP y Reuters)
El mundo partido y la renuncia de Galileo Galilei
Entre los “secretos” se encuentra la Bula Inter Caetera, también llamada bula de partición, porque el Papa Alejandro VI determinó el futuro del Nuevo Mundo en ese documento, firmado el 4 de mayo de 1493. El Papa concedió a los Reyes Católicos la posesión de todas las tierras “halladas y por hallar” al oeste de una línea entre el Polo Norte y el Polo Sur.
También se muestra la abjuración de los templarios. En 1307, el Rey Felipe IV de Francia hizo arrestar a todos los templarios del reino, con acusaciones de herejía, idolatría y sodomía. Los caballeros admitieron, bajo tortura, culpas tremendas. El Papa Clemente V ordenó su detención. Los testimonios de templarios que sobrevivieron a las torturas fueron recogidos en un documento en latín, de 1308, llamado el Pergamino de Chinon.
Se expone además el proceso, que duró de 1616 a 1633, contra Galileo, que terminó por renegar del descubrimiento copernicano de que la Tierra gira alrededor del Sol con la famosa frase “Yo Galileo Galilei he renegado”. La firma temblorosa revela el sufrimiento del astrónomo, filósofo, matemático y físico italiano, al final de los interrogatorios de la Inquisición.
Asimismo, se muestra un pergamino, acompañado de 81 sellos, firmado en 1530 por 83 lores y dignatarios ingleses con la petición al Papa Clemente VII para que anulase el matrimonio de Enrique VIII y Catalina de Aragón. El Pontífice rechazó ese divorcio de la primera de las seis mujeres del Rey. Enrique VIII decidió entonces separarse de la Iglesia de Roma.
La excomunión de Lutero es otro de los documentos emotivos de la exposición. El 15 de junio de 1520 León X publicó la bula de excomunión de Lutero, titulada Exsurge Domine. Cuando Lutero la recibió se dirigió al basurero de la ciudad y, junto con el Derecho Canónico, la arrojó a las llamas tras romper con Roma. Un fraile osó levantarse ante un sistema religioso de más de mil años con el solo apoyo de la Palabra de Dios.

Fuente: Diario La Capital de Rosario 01 de marzo de 2012

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